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EL PEQUEÑO PUERTO ARTURO

Luigi Barzini, periodista del "II Corriere le la Sera”, que acompañó al ejército japonés como corresponsal de guerra durante la guerra ruso-japonesa de 1904/5. La presente edición es la traducción al español realizada en México por Carlos Barajas en el año 1912.



El primer combate.-La nueva Hachimakiyama.-Con las granadas de mano.-Sobre la nieve.-El avance se detiene.



Mukden, Marzo. [1905]

 

“(…) En un territorio silvestre y montuoso, empezó su avance el Cuerpo de Ejército del Yalú, la mañana del 19 de Febrero.
Los centinelas avanzados de los rusos, se retiraban unos después de otros, disparando unos cuantos tiros. 'A la derecha estaba la división de reserva, a la izquierda la 11ª, que había llegado de Puerto Arturo.

 

La división de la derecha acentuó un movimiento envolvente. Changkiapao fue ocupado sin resistencia, causando esto sorpresa entre los asaltantes. No se tenían noticias de las posiciones enemigas y se llegó a temer una emboscada, por lo que se enviaron audaces y valerosas patrullas exploradoras, y se llegó a temer una emboscada, por lo que se enviaron audaces y valerosas patrullas exploradoras, y se esperó con ansia, el resultado de tales reconocimientos. Aunque la noche era muy fría, no se encendieron las fogatas y los soldados se echaron sobre la nieve en el mayor silencio, sin más abrigo que sus capotes. (…) La aurora sorprendió a las tropas en columna, en el fondo de los profundos valles.
Para dirigirse a Chentsurín, debían, los japoneses seguir un camino encajonado entre escarpadas y pedregosas colinas, cortado en profundos cañones y barrancas, en las que los rusos habían preparado la primera resistencia; estando las alturas protegidas por empalizadas, alambres y árboles tirados. (…) Entonces la fuerza se dividió; una brigada, al mando del General Ksaba, recibió la orden de asaltar la altura de la derecha del valle y la del General Hishijima, la de la izquierda(…)
Ordinariamente se cree que los viejos soldados que han asistido a multitud de batallas, son los más ardorosos, y nada hay menos cierto; son los más hábiles, los más astutos, los más tranquilos, conocen las perfidias y las defensas de la guerra, y saben guardarse para la mejor oportunidad. Los soldados nuevos son los más; impetuosos, los más audaces y los más rápidos, porque ignoran lo que es el peligro.

 

Los rusos, sorprendidos por la rapidez del asalto, tuvieron un momento de incertidumbre. (…) Es justo reconocer que los japoneses estaban en gran superioridad, y quizá los rusos sólo tenían instrucciones para detener un poco al enemigo, para dar tiempo a la guarnición de Chentsurin, para retirarse. En efecto, cuando los japoneses avanzaron hacia las posiciones enemigas, en cuya conquista creían tener una lucha encarnizada, quedaron sorprendidos de no hallar ninguna resistencia. Las patrullas de vanguardia reunidas en las defensas rusas, de las cuales las colinas de Chentsurim estaban coronadas, llegaron a ellas sin disparar un solo tiro, encontrando que las trincheras estaban vacías. Los rusos se contentaron después, con bombardear constantemente sus viejas posiciones, durante algunas horas, con baterías escondidas a unos dos mil metros más allá. Las obras de defensa de los rusos eran soberbias, hallando los japoneses en ellas magnífico abrigo. Los rusos se retiraron a Kintoyo y los japoneses se detuvieron en las posiciones de Chentsurin, esperando el avance del ala izquierda, 11ª. División,) para obrar de acuerdo.
Caía la noche del 20, y las tropas tuvieron permiso para encender sus lumbradas.

 

La 11ª. División tuvo dificultades mucho mayores que vencer. Su primer objetivo fue la ocupación de Chinghochen, a la derecha del Eío Taitse, donde numerosas fuerzas rusas se hallaban fortificadas. El 19 una brigada pasó el río al S. E. de Chinghocheng, y el 20 esta brigada ocupó la aldea de Kaoliying, al Este de Chinghocheng, sin hallar resistencia. La descubierta desprendida, hacia el enemigo, refirió que las fuerzas rusas contaban con 17 ó 18,000 hombres de infantería y 500 ó 600 de caballería, pareciendo, además, que los rusos estaban dispuestos a tomar la ofensiva. En efecto, mientras el General Samejima estudiaba un plan de ataque, la madrugada del día 22, la línea más avanzada de su división fue cañoneada de improviso, por unas baterías rusas que habían ocupado posiciones favorables durante la noche; en la tarde un regimiento de infantería, rusa, atacó violentamente el punto donde las dos divisiones japonesas se reunían, siendo rechazado por la división de la derecha(…) Las posiciones rusas coronaban una cadena de colinas muy escarpadas, que se extienden al Sur, desde Chinghocheng hasta Siaotientz. El aspecto de estas alturas rocallosas, cubiertas por las baterías y las fortificaciones semipermanentes y cercadas con doble foso, era, tal, que los soldados lo bautizaron inmediatamente con el sobrenombre de Sho Liejun, (El Pequeño Puerto Arturo.) En Puerto Arturo, estos mismos soldados habían conquistado una colina fortificada detrás de Eriugshan, a la cual habían dado el nombre Hachimakiyama, ó sea el monte de Hachimald(…) Y bien, la principal posición de los rusos estaba en el pequeño Puerto Arturo, en una colina, de tal modo semejante a la conquistada en aquel cruentísimo asedio, que al verla los soldados gritaban: ¡Hachimakyama¡ ¡Hachimakyama¡ A los japoneses, cuya alma se conmovía aún con el recuerdo de la tremenda lucha pasada, les pareció aquello de buen agüero. (…)Aun no era la del alba, cuando la división dejó sus posiciones. Desde la media noche nevaba y el viento helado levantaba torbellinos de nieve en la profunda obscuridad; el frío era intenso; el camino horrible y la marcha muy penosa (…) La primera línea de ataque cubriéndose con las irregularidades del terreno, se unió a una distancia de 3 ó 400 metros de la base de la colina; entrando en juego la artillería. Las baterías rusas desde las alturas hacían un fuego tan desastroso para los japoneses, que éstos se ocultaban como podían; pues era imposible avanzar, permaneciendo muchos de ellos inmóviles para pasar por muertos. (…) Llega la noche y la situación no ha cambiado, sólo a la izquierda, la infantería japonesa pudo acercarse un poco al pie de la colina.
A media noche se intenta otro ataque. La noche está helada y los japoneses, que no han podido estudiar el terreno se encuentran rodeados de dificultades de todo género, haciendo las ametralladoras rusas terribles estragos entre ellos. El ataque se suspende hasta el alba.
(…) Los soldados que habían avanzado el día anterior no podían seguir adelante ni retroceder v esperaban pecho a tierra (…)  El declive era rápido y abrupto; así, pues, si no se tomaba esta posición prontamente, era preciso un asedio en toda forma. Entonces se recurrió a uno de los ya famosos métodos usados en Puerto Arturo: un destacamento de unos cuantos zapadores, avanza con granadas de mano, al mando del sargento Hatakayama.
Los encargados de arrojar estas granadas deben ir en corto número, para poder escapar a la vigilancia del enemigo; el sargento Hatakayama y sus zapadores llegan al primer foso sin ser vistos y comienzan a lanzar sus granadas a la primera trinchera. (…)
Los rusos sorprendidos y descompuestos por lo imprevisto del ataque, abandonan la primera trinchera.
Otro destacamento de 28 zapadores, al mando del sargento Sawamura, decididos a morir, se lanzan a la barrera de alambre, con valor inaudito, y con la ayuda de los explosivos, logran abrir un camino. Entretanto la artillería japonesa concentra su fuego en la segunda trinchera, con tal furia, que los rusos no asoman la cabeza, los parapetos se desmoronan bajo la granizada de balas (…)  Los rusos concentran sobre los asaltantes el fuego dé las ametralladoras y arrojan desde lo alto enormes piedras que, saltando por los despeñaderos, caen al fondo del foso.

 

Se confía nuevamente la preparación de un segundo ataque a los zapadores, y una vez más se deslizan entre las rocas, y se acercan a la segunda trinchera, arrojando granadas de abajo a arriba. Por un momento los rusos se sorprenden, y aprovechándose de ello los japoneses, trepan lanzando gritos de júbilo, pasan el segundo foso y se reúnen en la trinchera superior (…) El fuego de las baterías japonesas hace horribles estragos en las filas de los fugitivos rusos; por todas partes se encuentran cadáveres; fueron capturados numerosos prisioneros, y tres ametralladoras. Uno de los cautivos, oficial, decía, solamente los soldados triunfadores en Puerto Arturo, son capaces de hacer esto; estamos seguros de que el ejército de Nogi está aquí.
(…) Perdido el Hachimaldyama, no pudieron los rusos permanecer en las otras posiciones vecinas, aunque estaban perfectamente fortificadas, y se retiraron rápidamente hacia. Talín, pequeña aldea a ocho millas al
Norte en el camino de Fushan. Estas fuerzas estaban formadas por la 71a. división de infantería de reserva y 20 cañones.

 

A las cuatro de la tarde los japoneses entraron en la aldea de Chinghocheng, que estaba ardiendo.
La 11a. división pasó el 24 en Chinghocheng reorganizándose para el avance, y durante la noche de ese día se inició la marcha hacia Talín, a través de la montaña. El frío era excesivo, 22 grados bajo cero, y caía una nevasca sutil, compacta y penetrante, blanca como harina. La marcha era silenciosa y el ruido de los pasos se amortiguaba con la blandura de la nieve que cubría el suelo. A las primeras horas de la madrugada las posiciones enemigas estaban a  la vista y empezó el despliegue de la columna. Los rusos ocupaban un grupo de pequeñas colinas rocallosas y escarpadas, semejantes al Hachimaldyama; pero menos altas. Estas alturas se hallan al Este de la aldea de Talín, y cerraban el paso en esa dirección. Juzgando por el aspecto, las fuerzas asaltantes, creyeron la conquista fácil. A medio día la primera línea de ataque empezó a escalar las posiciones enemigas; pero se encontró con una dificultad imprevista: la nieve congelada estaba tan resbaladiza, que eran necesarios extraordinarios esfuerzos para dar un paso, al grado de que los soldados tenían que subir de rodillas, ayudándose con las manos, los muertos y los heridos rodaban hasta el valle; y para colmo de dificultades, se levantó del Norte un viento helado y terrible, que haciendo remolinos con la nieve dejaba ateridos a los soldados. La situación era insostenible y se suspendió el ataque. Por la noche la nieve cae más abundante y el frío era más intenso que en el día. Los sufrimientos de los soldados, soportados en silencio, son indescriptibles; hay muchos casos de congelación y la mayor parte de los heridos mueren

 

Se da la orden de un ataque nocturno; pero la obscuridad es tan grande que los soldados, desorientados en aquel caos, detienen su marcha y esperan el día. Sin embargo, las tinieblas ayudaron a dos destacamentos japoneses, que fueron enviados a rodear la posición enemiga por el Noreste.
A la madrugada, los rusos que habían resistido con admirable valor el ataque de frente, se dan cuenta o de que la retaguardia está amenazada é inmediatamente se retiran hacia el Norte. En su camino queman
Sanhiyun, donde tenían grandes depósitos y continúan su retirada hasta Makimtan, donde la ofensiva japonesa fue detenida por las inmensas reservas rusas enviadas desde Fushan.
También la división de la derecha que había avanzado, después de la batalla de Chinghocheng, rechazaba en su camino a los pocos destacamentos que encontró; atravesó Kintoyo, Wulukou y Kukia, encontrándose detenida en Tita, de un modo inesperado.
En Makuntan y en Tita la lucha duró ocho días, terminando cuando las reservas rusas fueron llamadas al poniente de Mukden, para detener el irresistible avance de los bravos nipones.
Capturado Makuntan, la posición más peligrosa era una colina de 203 metros de alto, semejante a la de Puerto Arturo; esta colina como su homónima, fue conquistada, perdida y reconquistada. Pero ya encontraremos a estas fuerzas en su magnífico y victorioso avance; por ahora, otra parte del campo de batalla reclama nuestra atención.
De derecha a izquierda el combate avanza, la batalla crece por momentos; el camino que debemos seguir está marcado por el fulgor de los incendios y dentro de poco veremos toda la región ardiendo y azotada por un huracán de balas y de fuego, que repercute desde las montañas del Este hasta el siniestro y helado valle de Liao (…)”

 

Fuente: http://www.satrapa1.com/LibrosE/Mukden/capitulo2.htm


Integrantes del grupo. Curso 4°J

Pablo Anabalón. Antonio Catalán. Leonardo García. Carlos Vergara.
José Vivanco.

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